17/4/11

Las mitificaciones republicanas españoleras y el independentismo de izquierdas canario

Como es ya tradición miles de canarios siguen mirando y buscando fuera de su país referentes desde lo cultural hasta lo político. No terminan de mirarse los pies para saber que país y que latitud del mundo estan pisando. Este es nuestro homenaje al 14 de abril, día de una república extranjera:




Agustín Crosa. Que la izquierda independentista canaria tiene mejores tareas estratégicas en que ocuparse que perder tiempo y esfuerzos en una batalla que no le es propia, como es la de establecer una eventual 3ª República española (lo cual, por otra parte, no estaría nada mal, dependiendo del contenido resultante de tal cambio de forma de Estado o Gobierno –me refiero, naturalmente, en lo que concierna a los derechos nacionales de Canarias-) es un tema (creo) perfectamente asumido por quienes estamos encuadrados en este terreno político-ideológico. Que el españolismo (por mucho que se disfrace de “autodeterminismo”, “utraizquierdismo”, “independentismo aplazado hasta nueva orden pero proclamado retóricamente en cada escrito”, etc…-) no consiente de ninguna manera que las y los marxistas (es decir: las y los revolucionarios) de este territorio africano colonizado pongamos en primer lugar, dentro de nuestros objetivos programáticos, la lucha por una auténtica descolonización y por la emancipación social de nuestra Clase trabajadora (independencia y socialismo como bandera –pero los de verdad, ya saben…-) es algo que, creo yo, a nadie debe extrañar a estas alturas.


Del mismo modo que no debería extrañar a nadie decente, o por lo menos honesto intelectualmente , que los nacionalistas españoleros nos “acusen” a nosotros de ser “insolidarios” y/o “poco prácticos”, cuando decidimos ocuparnos, en primer lugar, de sacudirnos la opresión y explotación que sufren nuestras gentes, porque somos conscientes de que esa es la mejor manera que tenemos de contribuir (desde nuestra concreta realidad) a la emancipación de otros pueblos y naciones (como son, entre otras, las que conforman el actual estado español). Las y los revolucionarios canarios no podemos, ni debemos “esperar” a que Castilla-La Mancha (por poner un ejemplo) decida insurreccionarse, para exigir el inalienable derecho que tiene nuestro pueblo a la descolonización (a través de la autodeterminación –que es un instrumento, no un fin en sí mismo, como todo quisque sabe, excepto los analfabetos funcionales-); proceso que, cabalmente, sólo se realizará en la medida que consigamos establecer un Estado propio, hegemonizado (es decir: controlado) por las Clases trabajadoras canarias, constituyentes de la mayoría social de esta tierra, que imponga su propio modelo. Pero sucede que, en los días previos al 14 de abril (así como en la misma fecha), nos encontramos con un sinfín de artículos y articulistas que, desde diversas ópticas (unas más ilustradas que otras, ciertamente –del mismo modo que unas más sinceramente reaccionarias que otras-) nos vienen ofreciendo una versión totalmente tergiversada del auténtico significado histórico de la II República española, mixtificándolo. No quiero entrar en valoraciones sobre intencionalidades al respecto, aunque creo importante señalar que las posiciones más teóricamente “izquierdosas” pretenden que los independentistas canarios nos desviemos del camino de la lucha por la liberación de nuestro pueblo (siquiera fuera “momentáneamente”) para que nos centremos en un asunto que nos queda bastante lejos: una supuesta “Tercera República Española”.




Pues bien, en esta tesitura, y sin poner en duda los avances relativos que la II República española supuso en asuntos de libertades y derechos sociales (avances que se reflejaron también en esta colonia canaria) creo sumamente interesante transcribir la reflexión de un fulano como Eligio Hernández, notorio psoeista, Magistrado-Juez en excedencia, exFiscal General del Estado durante el Gobierno de Felipe González (¿recuerdan el asunto del “señor x” y el papel que D. Eligio jugó en él…?), actual Abogado (entre otros) de importantes Jefes del narcotráfico internacional en Canarias (unos presuntos y otros convictos) y a la sazón Vice-Presidente de la “Fundación Juan Negrín" (el siguiente artículo fue publicado en varios periódicos canarios):


CITA:


Los nacionalismos y la II República Española:


ELIGIO HERNÁNDEZ, VICEPRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN JUAN NEGRÍN. En abril de 1989 pronunció Juan Marichal en la Residencia de Estudiantes de Madrid cuatro conferencias sobre Ortega, Unamuno, Azaña y Negrín, publicadas en un libro con el título El intelectual y la política, referente de la historia intelectual española republicana para cualquier análisis sobre la II República. Manuel Azaña, protagonista con Ortega del debate sobre el Estatuto de Cataluña, en las memorables sesiones parlamentarias del 13 y 27 de mayo de 1932, en un discurso que el profesor García de Enterría considera el más importante que se haya pronunciado en España, sostuvo que la República conseguiría la unión esencial de todos los españoles al "conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República". Comparto la tesis de Ortega y Gasset expuesta en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña en las mismas sesiones parlamentarias, cuando sentenció: "El problema catalán es un problema que no puede resolverse. Ha existido antes de la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista, por lo que sólo puede conllevarse. No presentéis vuestro afán en términos de soberanía, sino de autonomía, porque entonces no nos entenderemos". Creo, como Ortega, que "un Estado en decadencia fomenta los nacionalismos, y que un Estado en buena ventura los desnutre y reabsorbe".


Tras la guerra civil, Ortega mantendría el pesimismo mientras que Azaña abandonaría el optimismo, al comprobar la deslealtad en la defensa de la República de los nacionalismos vasco y catalán, como lo revela en La velada en Benicarló (1939): "Mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho. En el fondo provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición". El presidente Azaña, a finales de mayo de 1937, decepcionado y abatido, en su Diario, se refiere a "las muchas y muy enormes y escandalosas pruebas de insolidaridad y despego, de hostilidad, de ´chantajismo´ que la política catalana ha dado frente al gobierno de la República"´. Luego, reuniendo a los catalanes con los vascos, anota: "Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere, pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco".


El Dr. Negrín, presidente del Gobierno, en noviembre de 1938, con ocasión del Consejo de Ministros celebrado en Pedralbes, afirmó, según refiere Julián Zugazagoitia: "No estoy haciendo la Guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. Estoy haciendo la guerra por España y para España, por su grandeza y para su grandeza. No hay mas que una nación: ¡España!. No se puede consentir esta sórdida y persistente campaña separatista y tiene que ser cortada de raíz si se quiere que yo siga dirigiendo la política del Gobierno, que es una política nacional. Nadie se interesa como yo por las peculiaridades de la tierra nativa. Amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas ellas está España. Quien estorbe esa política nacional debe ser desplazado de su puesto. De otro modo dejo el mío. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los desafueros de los de adentro".



[Homenaje a Juan Negrín en Las Palmas de GC por `comunistas canarios´]


Miguel de Unamuno, en su obra maestra Niebla, exclamó: "¡Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna, y mi Dios un Dios, el de Nuestro Señor Don Quijote, un dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español…!". En agosto de 1901, en unos juegos florales, en Bilbao, expuso su visión cuando dijo: "la patria chica, chica para siempre, para agrandar la grande, y empujarla a la máxima, a la única, la gran patria de la Humanidad". Quienes desde algunos nacionalismos, que traicionaron al gobierno republicano en el campo de batalla contra el fascismo-,el nacionalismo vasco se rindió a las tropas italianas sin disparar un tiro con el acuerdo firmado en Santoña el 24 de agosto de 1937,- propician ahora el advenimiento de la III República, carecen de la legitimidad histórica que para ello tienen los comunistas, que si lucharon y dieron su vida por la República, aunque algunos de éstos la traicionan ahora cuando abandonan el internacionalismo y derivan al nacionalismo soberanista.


FIN DE CITA


Yo ni quito ni pongo. Solamente me gustaría que el lector/lectora reflexionase sobre lo siguiente: se puede ser un republicano españolista sin dejar de ser, al mismo tiempo, un energúmeno a la hora de analizar los hechos nacionales del estado (en el concreto caso canario, el hecho colonial): esto fue cierto ayer, con Azaña y Negrín, de la misma manera que lo es hoy, con Eligio y otros muchos que se disfrazan de "radicaloides" y que, al cabo, y a los efectos prácticos resultan ser de la misma opinión que la pareja de hecho esa formada por los mencionados Ortega y Gasset (sobre todo Gasset, que como su apellido indica, es un catalán renegado -ejem-).