25/7/13

El insularismo en Canarias o el ‘tribalismo’ en la colonia.



Redacción. En tiempos actuales donde el insularismo, a pesar de los estragos que nos ha supuesto como pueblo, sigue vigente, se hace necesario analizar y conocer su naturaleza. Usado hoy por los elementos tan siniestros  como Don Pepito, Bravo de Laguna o Jose Manuel Soria, se despunta como una efectiva arma para aquellos, defensores de los intereses madrileños, que sueñan con dinamitar todo proyecto común del pueblo canario. 

"...despreciad con valor la prensa venal y asalariada que fomenta la discordia entre las Islas, nuestra Patria, con el fin de dividir al pueblo para que el lobo devore con paciencia y gusto su víctima...” 

Secundino Delgado


El insularismo es una corriente política canaria derivada del fenómeno político denominado “Pleito Insular”, es decir, el enfrentamiento político entre las oligarquías y burguesías insulares por sus intereses económicos particulares. Destacan fundamentalmente las elites de las islas centrales -Tenerife y Gran Canaria- en su objetivo de obtener la supremacía en las relaciones comerciales con el exterior, el control de los circuitos internos de distribución y por supuesto, la superioridad en sus relaciones con Madrid. En consecuencia el insularismo en Canarias propugna la supremacía o la exclusión económica, social y cultural de alguna isla concreta del resto del Archipiélago Canario. Por tanto lo habitual y tradicional es que el insularismo político este fuertemente ligado a la derecha españolista en Canarias.

Un poco de historia

A pesar de que el Archipiélago Canario ha presentado históricamente una marcada homogeneidad cultural común (identidad amazighe insular en el periodo precolonial y criolla hispano-lusa amazighe en el posterior periodo colonial) hasta 1982 jamás esto se había traducido institucionalmente. Un archipiélago es por definición un conjunto de islas que además presenta una gran variedad geográfica que se ha traducido económicante e institucionalmente. Es por tanto el factor insular de notable importancia cuando abordamos cualquier cuestión referente a la realidad nacional.
Primera referencia al escudo
del 'Reyno de Canarias' a
mediados del siglo XVII.

Como en tiempos precoloniales, la organización de Canarias a comienzos de la colonización fue por Islas, regidas por sus antiguos AyuntamientosConcejos o Cabildos. Si bien es cierto que se establecieron organismos de jurisdicción archipielágica como una Audiencia, un Obispado y en 1723 la Capitanía General. En 1808 se produce el primer brote del Pleito Insular con su perjuicio; los sucesos de La Junta Suprema de Canarias. La Junta Suprema gestada en Aguere-La Laguna (Tenerife) planteó la constitución de Canarias como protectorado de Gran Bretaña o Estado independiente ante el vacío de poder provocado por la ocupación francesa de España. La Junta Suprema no pudo abarcar el país en su totalidad ante la oposición de la oligarquía grancanaria que temía perder definitivamente su importancia con la vía independentista. En 1812 nace la “Provincia de Canarias” con su capital en Santa Cruz de Tenerife (confirmada en 1923 y establecida por decreto en 1833). No obstante  ya tenemos las primeras referencias pleitistas entre las dos ínsulas centrales en torno a la cuestión de la capitalidad provincial. Durante el siglo XIX se registrarían más conflictos derivados del Pleito que culminaron con dos posturas confirmadas en el debate entorno a la Ley de Cabildos de 1912; la de la oligarquía tinerfeña que abogaba por la capitalidad en Santa Cruz de Tenerife y la descentralización en cabildos insulares bajo un discurso regionalista y la oligarquía grancanaria que a pesar de en sus inicios justificar su derecho a la capitalidad por cuestiones regionalistas, finalmente optan por el separatismo con la famosa propuesta de la “División Provincial”. Desde las islas mal llamadas “menores”, con destacada importancia de La Palma, se manifiesta un rotundo rechazo a la división provincial (Plebiscito de Manuel Velásquez Cabrera), sin olvidar regionalistas de Gran Canaria como Franchy Roca también contrarios a la división. 

Acto a favor de la división provincial en Las Palmas (1911). Los 'pleitistas',
entre los que destaca Fernando León y Castillo, eran profundamente españolistas.
Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera en 1923 se persigue todo tipo de regionalismo y nacionalismo en el Estado Español. A pesar de ello la Diputación Provincial de Canarias proyecta en 1924 un Estatuto Regional de Canarias. En 1925 se desmantela la Diputación Provincial de Canarias por una Mancomunidad obligatoria interinsular “que sólo tendrá por objeto ostentar la representación unitaria de la provincia.” Estas circunstancias de la dictadura hostiles al regionalismo canario fueron aprovechados por la oligarquía grancanaria. Así en 1927 obtienen del dictador Primo de Rivera el antidemocrático Real Decreto-Ley de la División Provincial que dio lugar a la absurda división provincial vigente en la actualidad.


"En 1927 bajo la dictadura de Primo de Rivera se impone el antidemocrático Real Decreto-Ley de la División Provincial que dio lugar a la absurda división provincial  actual."


Bajo los cinco breves años de duración de la II República Española no dio tiempo de aprobar un estatuto de autonomía como ya tenían en marcha País Vasco, Galicia y Cataluña. Los motivos una vez más eran las airadas disputas entre las elites de las islas centrales; los diputados tinerfeños recordaban la ilegalidad de la división provincial impuesta por el dictador Primo de Rivera. Con la arribada del franquismo se abortó toda aspiración autonomista y se reafirmó la división provincial y los añejos cabildos insulares. Con el resurgir del nacionalismo e independentismo canario moderno pronto se reveló el insularismo como un poderoso antídoto que impregnaba profundamente a la clase dominante de las Islas retardando inclusive la conformación del Estatuto de Autonomía de Canarias de 1982 e imponiendo una Ley Electoral profundamente antidemocrática y caciquil que aún conforma un lastre inmovilista que impide todo cambio en la sociedad canaria actual.

¿Porqué surge el insularismo?

Cualquier excusa sirve para intentar dividir el país canario.
Para entender el fenómeno hay que conocer los rasgos sociológicos de la sociedad canaria del siglo XIX y comienzos del XX. En primer lugar la desigualdad económica es atroz y además la población canaria era mayoritariamente analfabeta que ya desde aquellos tiempos eran los índices más elevados del Estado Español.  El caciquismo extendía su hegemonía al conjunto del territorio y controlaban la exigua clase política. La histórica importancia de ciudades como Las Palmas y La Laguna –por último Santa Cruz de Tenerife- se consolidan con la Ley de Puertos Francos a mediados del siglo XIX que impulsa la competencia comercial con el exterior de las islas centrales. Así la intervención de Madrid en los asuntos de Canarias irá incrementándose en los últimos años del siglo XIX y principios del XX bajo el temor generado por la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El pleito insular que releva el papel de árbitro a la Metrópoli española es una fórmula que anima al Estado a potenciarlo para evitar una posible cohesión de la clase dirigente de las Islas por beneficios comunes, el viejo “divide y vencerás”.  Durante el siglo XX el fascismo español no tardó en ver la validez del fenómeno para impedir una conciencia nacional canaria, eso explica que a pesar de la hostilidad absoluta del régimen franquista a cualquier tipo de autonomía no tuvo reparos en mantener los cabildos insulares. El hecho resultante es una histórica desvertebración y atomización de los poderes canarios que genera un sistema donde cada isla solo puede ganar a costa de otra y donde todas las islas pierden en beneficio de España, un círculo de competencia destructivo muy conveniente a Madrid.

La historiadora española Teresa Noreña Salto y profesora de la ULL reconoce la utilidad del Pleito y el insularismo “El enfrentamiento (...) va calando en la opinión pública e incluso en amplios sectores de la población y sus repercusiones son importantes por sus consecuencias a corto y largo plazo. Ante el protagonismo de este problema se hace imposible pone en marcha unos planteamientos y una política regional. Por otra parte, se impide que surja una conciencia colectiva regional.” Finalmente reconoce lo evidente “Este pleito y el arbitraje que de él se deriva interesan a los diferentes gobiernos nacionales porque supone una garantía de que en Canarias no se iba a forjar una oposición unitaria, de que no iba a consolidarse un partido regionalista o nacionalista; garantía muy importante si pensamos que en el siglo XIX se independizan las ultimas posesiones ultramarinas y si recordamos que desde finales del siglo pasado y durante la presente centuria renacen los nacionalismos en suelo peninsular.”


Este pleito y el arbitraje que de él se deriva interesan a los diferentes gobiernos nacionales porque supone una garantía de que en Canarias no se iba a forjar una oposición unitaria, de que no iba a consolidarse un partido regionalista o nacionalista."


Insularismo vs Nacionalismo Canario

La política colonial fomenta las rivalidades...El colonialismo no se contenta con comprobar la existencia de tribus; las fomenta, las diferencia. El sistema colonial alimenta a los jefes locales".

Fran Fanon



El elemento insularista actual más recalcitrante, el diario tinerfeño EL DÍA, defendió tanto
ayer como hoy, los principios más radicales del fascismo español.

Dividir los territorios dominados, las colonias, no es una artimaña moderna. Se remonta a los principios de los tiempos y ya lo practicaban los viejos imperios para conquistar y dominar territorios y pueblos. Ya lo usaron los mismos conquistadores castellanos en Canarias y América enfrentando unos indígenas contra otros explotando sus rencillas entre bandos. Fue una práctica típica en las colonias africanas bajo dominación europea e incluso hoy cuando se pretende dominar un país ¿qué mejor manera que provocarle una guerra civil interna? ¿qué mejor que ‘descolonizar’ África trazando fronteras artificiales donde estados deben arreglárselas con pueblos diversos que nunca han convivido?. ¿Qué mejor que una ley electoral que fortalece los menceyatos insulares estableciendo desigualdades que sitúan al pueblo canario como sujeto colectivo a la sombra de estos cacicatos?


Una imagen vale más que mil palabras...
Es cierto que hoy podemos hablar de un debilitamiento general del insularismo, pero no significa que carezca aún hoy de una poder de influencia poderoso. Las clases dominantes canarias, incapaces de unirse para construir proyecto nacional alguno, han dedicado sus esfuerzos en adoctrinar a la población en sus miserias y rivalidades internas. Por desgracia este discurso ha impregnado importantes capas del pueblo canario de las islas centrales. De nosotros depende cambiar esta maldición tribalista y de que el pueblo canario asuma la responsabilidad histórica de construir la nación que a la clase dominante nunca le ha interesado.
La incapacidad de los bancos canarios para
unirse optando por ser absorbidos por cajas
españolas, son el mejor ejemplo de las ne-
fastas consecuencias del Pleito Insular. 

Para entender a que intereses responde el Pleito Insular y el insularismo sólo hay que examinar a quien beneficia el mismo. Un pleito que mantener vivo beneficia directa e indirectamente a Madrid y por tanto a España; que tendría en sus manos el arbitrio y por consiguiente la dominación absoluta de Canarias. No es, por tanto el beneficio de la ínsula el que podemos destacar, ya que es evidente que por su singularidad geográfica y el ser un solo pueblo beneficiaría a todas nuestras islas en una fructífera cooperación o cohesión, eso sí, sin obviar en ningún momento el factor insular. Es el equilibrio de la autonomía de cada isla y la soberanía y unidad del Archipiélago la que fortalecerá la Nación Canaria y en consecuencia a todas las islas, y no un pleito sin fin bajo el arbitrio madrileño.



" Es el equilibrio de la autonomía de cada isla, la soberanía y unidad del Archipiélago la que fortalecerá la Nación Canaria y en consecuencia a todas las islas (...)"

Siete islas un solo pueblo



Entendemos que por el bien de Canarias y su futuro nuestro pueblo debe superar el Pleito Insular y sus nefastas consecuencias como los irresponsables insularismos. Es por esto que no debe extrañar que los sectores más ranciamente españolistas de las Islas sean los principales valedores del insularismo, conocedores de la utilidad del mismo para debilitar la canariedad y en consecuencia el país. No es casual por tanto las banderas insulares gigantescas promovidas por fascistas de la talla de José Manuel Soria y Angel Llanos, o las proclamas insularistas de Bravo de Laguna como “Prospecciones petrolíferas sí, mientras no sean en las costas de Gran Canaria”. Aunque en honor a la verdad también han hecho uso del insularismo  habitualmente según conveniencias Coalición Canaria o PSOE. Por no hablar las extravagantes editoriales fascistas del diario tinerfeño EL DÍA, que a pesar de su “independentismo” sui generis no puede desprenderse de su procedencia franquista y caciquil transpirando un insularismo tan anti-canario como enfermizo.


La marioneta de Jose Manuel Soria recurre al viejo fantasma del insularismo
para boicotear la cohesión isleña frente al  constante agravio que Madrid
somete al Archipiélago.
Es sin duda el fortalecimiento de la canariedad y la conciencia nacional el antídoto fundamental para desterrar de una vez por toda esta lacra. Si bien es evidente que sin una igualdad y solidaridad entre todas las islas que incluyan un respeto a una autonomía en asuntos internos que reconozca la realidad insular de nuestro país estaremos en las mismas. Un proyecto nacional canario aunque debe fomentar la unidad del pueblo canario no debe desestimar nunca el hecho insular ya que es consustancial al país canario.

Es cierto que hoy podemos hablar de un debilitamiento general del insularismo, pero no significa que carezca aún hoy de una poder de influencia poderoso. Las clases dominantes canarias, incapaces de unirse para construir proyecto nacional alguno, han dedicado sus esfuerzos en adoctrinar a la población en sus miserias y rivalidades internas. Por desgracia este discurso ha impregnado importantes capas del pueblo canario de las islas centrales. De nosotros depende cambiar esta maldición tribalista y de que el pueblo canario asuma la responsabilidad histórica de construir la nación que a la clase dominante nunca le ha interesado.

"Las clases dominantes canarias, incapaces de unirse para construir proyecto nacional alguno, han dedicado sus esfuerzos en adoctrinar a la población en sus miserias y rivalidades internas." 


Bibliografía.

Alemán. José A. 2008. “Entender Canarias. Visión periodística personal de 600 años de historia.” Las Palmas de Gran Canaria.

Guimerá Peraza, Marcos. 1979. “El Pleito Insular”. Las Palmas de Gran Canaria. Colección Guagua.

Hernández Bravo, Juan. 1989. El insularismo canario: caracterización política, ofertas electorales y resultados. Universidad de La Laguna.

Noreña Salto, Teresa. La Clase política canaria, 1850-1915.