

Otro elemento explicativo en la necesidad de Europa y Estados Unidos de operar políticamente sobre el movimiento de las masas norteafricanas. Estas a lo largo de toda la región aparecen como una ola sin liderazgos ni programas, pero que expresa una gran disconformidad popular. Este movimiento tomo de sorpresa no solo a los gobiernos de diferente signo de la región sino también a las potencias europeas y norteamericanas. Podemos proponer que se trata de un movimiento por reformas democráticas y nacionales que se produce en reacción a casi dos décadas de retrocesos, falta de proyectos hacia el futuro y reformas neoliberales. No son temas de esta nota analizar Egipto o Túnez. Pero podemos afirmar que en todas las situaciones nacionales el imperialismo se introduce, opera y conspira para encontrar una resolución lo más favorable a sus intereses. Por ello en los regímenes satélites apoya abiertamente la represión sin preocuparse por los costos en vidas. Si la represión no basta, y el régimen se muestra débil y agotado, comienza a buscar salidas, amigos dentro de la oposición que sean un recambio favorable. Nadia protesta por las represiones en Arabia Saudita, Marruecos, Argelia, Yemen, Barhein. Creemos que la inestabilidad y movilización de las masas árabes y amazighes abre un terreno de disputa en el que el imperialismo opera de acuerdo a como se presenta cada situación, poniendo en juego a los grupos pro-ccidentales “dormidos”, que desde años atrás viene siendo preparados en los EEUU. Pero esta certeza de intervención extranjera no debe negar la existencia de descontento popular.
Situación geoestratégica de Libia
Todos los argumentos usados para la intervención fueron insostenibles, y podrían ser usados como un calco para ser difundidos por la prensa occidental en la intención de legitimar cualquier intervención (el caso sirio merece atención). Las masacres no existieron, al menos no fueron mayores que en Egipto, y los cadáveres se fueron amontonando con el estallido de la guerra civil y de la intervención extranjera. Las tremendas violaciones a los DDHH, tampoco fueron mayores que en los países árabes amigos de occidente, seguro menores que las de Israel y las del propio EEUU. Y si el régimen era tan asesino como para obligar a u

Postura de la izquierda
Desde la izquierda ha habido reacciones de todo tipo, pero generalmente contrarias a la intervención otánica. Pero además no han faltado los que se han enarbolado como nuevos defensores de Gadafi. Por ejemplo Venezuela. Una posición que admitimos posible de ser aceptada si sabemos que debemos estar siempre en frente de la vereda del imperialismo. La agresión extranjera no transforma automáticamente a Gadafi en un líder antiimperialista después de veinte años de agachadas. También es difícil creer que el poder en Libia fuera ejercido por el pueblo en forma directa y que por ello no había constitución, ni instituciones y se estuviera disolviendo el ejército. Casi una utopía anarquista. Entonces, es difícil entender como los rebeldes parecen muchas veces gente común, o las mezquitas instan a la rebelión, o hay manifestaciones de apoyo a los rebeldes. Pueden estar equivocados y podemos nosotros creer que lo mejor es que siga Gadafi antes que se instaure una semi-colonia de la OTAN. Pero no podemos inventar historias como forma de propaganda y buscar teorías conspirativas para salvar las anomalías evidentes de nuestros planteos.
Rebeldes, amazighes y la situación interna de Libia

Entonces, tenemos en Libia un actor que no conocemos. Los “rebeldes”. Que son estos rebeldes apoyados por la OTAN. No basta, como se esperanzan los ingenuos, pensar que son “la juventud de la primavera árabe y amazighe que pelea por libertad y democracia”. Una visión muy occidental, twitera, de izquierda o derecha. El régimen libio esta desgastado y estancado como los antiguos gobiernos de Europa oriental y una parte de las masas buscan nuevos horizontes.
Los sucesos libios se originan en la misma ola de movilización popular que tiene lugar en el mundo magrebí y árabe. Según se dice en el bando rebelde libio hay nacionalistas, basistas, marxistas diversos, amazighistas, islamistas de diferentes tendencias, pro-occidentales, liberales, Gadafistas disidentes, monárquicos, mercenarios, jóvenes rebeldes. Toda esta diversidad se unió contra Gadafi debido a desacertadas políticas de sus últimos años como la ejecución de unos 1.200 presos políticos comunistas e islamistas a los que acuso de terroristas, las privatizaciones y quita de subsidios, o el apoyo a los regímenes de Ben Alí y Mubarak durante las rebeliones inmediatamente anteriores a la guerra civil libia, el arresto del abogado de DDHH defensor de los familiares de los presos ejecutados en 1996 y la amenaza por los medios masivos de que iba a matar a cualquier opositor (acompañada de represiones concretas, aunque mucho menores de las difundidas en occidente y de las que Gadafi amenazaba). La opresión del arabismo contra la diversidad cultural del país también fue una constante en las cuatro décadas. Las minorías amazighes formadas por tuaregs y los berberófonos de las montañas de Nefusa y algunos oasis, no tenían lugar en la Libia gadafista. Todo acto de promoción de la cultura autóctona amazighe era considerado por el gadafismo como un atisbo de separatismo prosionista. En consecuencia artistas, activistas y militantes amazighes padecieron cárcel, y la población amazighe era negada y forzada a reconocerse uniformemente árabe. Pero la unidad rebelde no sobrevivirá a la caída del régimen. Aunque la intervención amazighe en el bando rebelde es muy activa es poco probable que conserven un poder notable en el nuevo Estado, ya que desde los primeros proyectos const
itucionales se evidencia el escaso interés del CNT en reconocer la identidad amazighe. Además el peso de los islamistas y arabistas garantizará un futuro desencuentro. No se puede culpar a la población libia y mucho menos a la minoría amazighe de colaboración imperialista por participar activamente en la rebelión contra lo que a todas luces era una dictadura que les negaba. La culpa es de la intervención imperialista y de los mandos rebeldes y no de un pueblo que se levanto cansado de tanta opresión. Todos los pueblos de Norte de África también lo han hecho pero ningún otro contó con apoyo imperial. Sin dudas occidente estará trabajando para lograr que el nuevo gobierno libio esté en manos de alguien muy dócil. No será preocupación de occidente ni la unidad nacional, ni el progreso social ni la libertad (para un espejo podemos ver que estos tres ítems retrocedieron enormemente en Iraq). Mientras que Libia sea una base segura para las empresas extranjeras, mientras no tenga ningún juego propio significativo, mientras la recolonización del país sirva para ayudar a rescatar al capitalismo occidental en crisis. Occidente habrá triunfado. Pero aún guardamos esperanzas de que los libios sepan sacar fuerzas para seguir adelante y vuelvan sus armas contra las potencias que pretenden valerse de este momento de guerra civil para apropiarse del país. El capítulo final de esta historia aún no se ha escrito.